13 feb. 2012

27 | El fin del verano


Noticias que parecen de otro mundo. Hace unas semanas me hicieron una entrevista en la radio local para hablar de los microrrelatos. Allí surgió la posibilidad de colaborar con el diario L'Independent publicando un micro al mes en una sección de nueva creación. El primer micro ya está en la calle y es este que os presento aquí. Espero que se trate de una forma más de hacer llegar los micros que viven en la blogosfera a un público más amplio. De esta forma, quizá sepamos que piensan de estas microficciones personas ajenas al "movimiento". Un saludo a todos. Espero que lo disfrutéis.


Tengo un alienígena oculto en la despensa. El muy estúpido se cree pacífico. Aterrizó junto al corral en un cacharro ridículo. No habla, no ríe, no da miedo, sólo come. Se zampó las provisiones y a la abuela, que entró a por galletas. Se lo conté a mamá, no me creyó, también fue zampada. Está engordando, así que lo tengo a dieta. Hace tres días que no come. A ver si por fin envía una señal intergaláctica a su planeta y vienen a buscarlo con cientos de naves invasoras antes de que acaben las vacaciones. No quiero volver al colegio.

 La verdad es que este micro me gusta mucho, así que considero que es un buen primer envite.

Os dejo enlace a la publicación de l'Independent en PDF. 

6 feb. 2012

26 | Apuntes de abeja



Presentado a la Fundación Camilo José Cela. Hoy cuelgo la entrada sin foto, porque no he encontrado ninguna ilustración adecuada y no tengo tiempo para dibuja una. Un saludo.

No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante. Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café cómo si continuara abierto. A veces se detiene, pregunta y nadie le dice qué desea tomar. Ella alienta al bolígrafo sacando el vaho directamente del estómago, anota con palitos lo que nadie le ha pedido, se dirige al lugar donde antes relucía aromática la cafetera, abre el grifo y entre muros que crujen, llena una tacita de porcelana sucia con restos de agua oxidada. El color es de café cortado, así que no es de extrañar que vuelva a la mesa donde nadie espera y lo sirva como si tal cosa. ¿Y qué dice el hijo? Para lo que sirve, mejor que no diga nada. Ya sabemos que se enfadó el día que ella le llamó Roberto, nombre del pretendiente con el qué según todos debía haberse casado Doña Rosa al enviudar. El hijo estuvo años sin volver, y cuando lo hizo, ya era un extraño a sus ojos. Ahora la vigila desde la ventana, por si se hace daño o por si la atropellan, dice. ¡Por si se muere de una vez! Diría yo, que de esto sé un rato. El pródigo lo único que busca es echar mano al Café para venderlo y prenderle fuego a la poca fortuna que le quede a Doña Rosa. ¿Y qué puede decir nadie de todo esto? Pues nadie la observa sin tocar el café, toma notas en una libretilla para una novela improbable, y sin dejar propina vuelve al purgatorio de Padrón.