26 feb 2013

72 | Duelo


Os dejo aquí mi último despojo para el REC. Al final me va a costar elegir cinco para destripar entre todos. Espero que os guste.


Desde la habitación de su hermanita al Asombroso Reino de Fantasía se podía llegar en un soplo. Bastaba decir la palabra mágica y atravesar la puerta secreta del armario empotrado. Además, aquella noche, el abuelo le había enseñado los secretos del ajedrez. Podía entrar, derrotar al Rey Blanco, rescatar a su hermanita y regresar antes de la cena. Pronunció la palabra… nada. Repitió varias veces… nada de nada. Enrocada, miró alrededor: una cama vacía, un sillón reclinable, un gotero, olor a desinfectante, llanto materno, gritos paternos y de fondo, el Rey Blanco, sosteniendo el parte de defunción. De repente, la puerta secreta se abrió para siempre.



22 feb 2013

71 | Cabello de ángel


Estamos de enhorabuena!!! En el concurso de la microbilioteca del mes de enero, el micro que os dejo aquí llegó a las deliberaciones finales. Espero que os guste.

Os dejo en lace a la entrada de la Microbiblioteca donde hacen eco de la noticia.

http://lamicrobiblioteca.blogspot.com.es/

Espero vuestros comentarios. Gracias.


-¡Cómete la sopa de una vez! -Grita el padre, aunque sabe que su hijo odia la sopa de fideos.

Sumiso, el niño hunde la cuchara entre los fideos y observa como se enroscan en espirales infinitas. Algunos parecen estar como pez en el agua en el caldo hirviente, dispuestos a escaldarle la lengua, como esas almas en pena que disfrutan de su destierro infernal, como su padre. Otros en cambio, intentan escapar del plato. Reptan como gusanos blandos y largos, como serpientes acorraladas huyendo de un incendio inexorable, que de forma inequívoca, terminará consumiéndoles, como su madre.

20 feb 2013

70 | Y su número es el 666




Entré en el despacho de padre el día que dimos por finalizada su búsqueda. Enseguida percibí la ausencia del abuelo. Su retrato había presidido aquella habitación desde que inauguró la factoría, pero padre quiso sustituirlo por uno propio al tomar las riendas del negocio. Sobre el escritorio hallé la factura de Monsieur Lombard, el estrafalario pintor que mi hermano Steven importó de Europa.

Media tarde. La casucha amenazaba desplomarse sobre el pequeño cementerio adyacente. Conté cinco inquilinos mientras aguardaba para entrar en la penumbra de un taller iluminado por media docena de velas colgadas del techo. Otras tantas alumbraban el nuevo retrato de padre. Lombard me escrutaba desde detrás del caballete. Me invitó a sentarme en un tajuelo. Acepté. Empezó a pintar. Bailaba alrededor del lienzo esgrimiendo el pincel. A media noche, Lombard dio el combate por finalizado. Me invitó a salir.

Un vez fuera recordé para qué había venido. Llamé. Silencio. Entré en el cementerio buscando otra puerta. Había contado mal. No había cinco lápidas, sino seis. La luz del farol alcanzaba a iluminar dos. Me acerqué a leer la inscripción de la primera. ¡Imposible, Era de padre! La otra… la otra era mía.

Con este microrrelato de corte romántico, participo en la convocatoria del mes de febrero de ENTC. El tema, muy sugerente: EL RETRATO. Tomando cómo inspiración el Retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. 
Espero que os guste. Podéis visitar el relato en ENTC.   

1 feb 2013

69 | Tortura China


Os dejo el aquí el microrrelato con el que he participado en ENTC en el mes de Enero. ¿El tema? pues: Cuando despertó... haciendo clara alusión al archiconocido microrrelato de Monterroso. Pasad por el blog de ENTC para participar con el tema de este mes. Un tema muy sugerente.
Espero que os guste.

Cuando despertó, la gota intermitente seguía cayendo sobre su cabeza de forma inexorable. Era inútil, por más tiempo que lo mantuvieran atado a aquella silla, seguiría siendo incapaz de descifrar el significado de las palabras que él mismo había escrito años atrás, y además… del dinosaurio nunca más se supo.

25 ene 2013

68 | Miopía crónica



No, claro que no quisimos verlo arribar reclamando futuro con la sonrisa triste. Claro que no quisimos verlo rebuscando entre nuestros desperdicios acumulados. Claro que no quisimos verlo arrastrar su carro de hierro y cartón cerca de los niños que preguntan. Preferimos contemplar el flamante escaparate de la tienda de electrodomésticos, admirar la nueva pantalla de leds de alta definición y setenta pulgadas en la que se puede ver el final de esta historia, balanceándose inerte a dos palmos sobre el suelo.

Otro despojo presentado a REC.

14 ene 2013

67 | La acacia (carrera verde)

Y llevó hasta allí a su hijo para que viera lo que era un árbol. 

Esta es la ilustración que ha generado el microrrelato de Paloma Hidalgo, con la que cojo el testigo y lo entrego a Puck. Si queréis leer el micro de Paloma que inspiró la ilustración visitad su blog.

Siento el retraso, pero durante el fin de semana me ha sido imposible hacer nada... Me hubiera gustado dedicarle más tiempo a la ilustración pero no lo tengo. En otra ocasión intentaremos hacerlo mejor. Ánimo Brócolis.

11 ene 2013

66 | Columbine




Hoy mamá va a probar con la pistola porque dice que el subfusil no le cabe en el bolso. En mi familia nadie sale a la calle indefenso. Papá, con la Magnum en la cartuchera sobaquera. Mi hermano Johny su fusil, la abuela Dorothy una Smith & Wesson de titanio, para que no le tiemblen mucho las manos por el parkinson, al abuelo Joe no hay quien le separe de su viejo Winchester, sin embargo mi hermana Wendy se empeña en solo llevar al instituto un spray de pimienta. Siempre he sospechado que era adoptada.

Este es el microrrelato que escribí con la frase del microrrelato ganador semanal de Mónica Sempere. Os recomiendo visitar su blog.


Quizá te interesen los otros micros de la serie: La voz de los niños.

8 ene 2013

65 | Flores azules (carrera verde)

Ilustración de Sara Lew
Hoy da comienzo la carrera verde que ha organizado Luisa Hurtado desde su blog Microrrelatos al Por mayor. Pertenezco al equipo de los Brócolis y me ha tocado en suertes la primera posta. Le paso el relevo a Yashira, que se lo pasará a Paloma Hidalgo, que me lo pasará a mí para hacer una ilustración de la que nacerá el relevo de Puck, que entregará el último testigo a Francisco Manuel Marcos.

A ver cómo se nos dá esta carrera verde.


Satur atravesaba el complejo nuclear abandonado en su bicicleta nueva cuando pinchó. Si su madre pudiera verle por ese agujerito del que todos hablaban le hubiera dejado sin postre un mes entero, pero Satur necesitaba impresionar a Azucena y cuando Pedro le retó a traer una de las flores azules que solo crecían en la vieja central nuclear supo que no podía permitirse quedar cómo un cobarde. Todo lo que había oído de la central daba miedo. Pinchar en aquel momento era terrible, pero cruzar el extra-radio caminando de noche, eso sí era realmente peligroso. Al menos había cogido la linterna, así que decidió esperar que vinieran a buscarlo. Se sentó en las escaleras del edificio de oficinas y observó el contenedor de hormigón del gran reactor. Unos arbustos azules se encaramaban al muro agrietándolo con sus raíces. Mientras anochecía, Satur se lamentaba de haberse dejado llevar. Quizá Azucena no valorara tanto la valentía. De pronto, oyó un crujido que provenía del reactor. Encendió la linterna. El débil haz apenas alcanzaba un pequeño arbusto azul que crecía a unos treinta metros de donde estaba. La apagó, no quería quedarse sin batería. Un segundo crujido le hizo volver a encender. Nada. Solo alcanzaba a los arbustos más cercanos. Apagó. Crujido. Encendió. Aquellos arbustos parecían estar cada vez más cerca. Aguantó la linterna encendida durante minutos. Los arbustos no se movían. La bombilla empezó a fallar. Apagó. Crujido. Encendió. La luz era muy débil, pero no había duda. Los arbustos se le habían echado encima. Uno parecía crecer sobre la bicicleta. Se levantó e intentó abrir la puerta de las oficinas. Algo rozó su hombro. La linterna rodó por el suelo. Notó decenas de ramas rozándole, agarrándole. Perdió el conocimiento.

Despertó con el sonido del motor. Era de día. Su madre había venido a buscarlo con el todoterreno. Encontró la bicicleta y lo llamó a gritos durante minutos. Satur intentó llamarla, no pudo. Ella pasó ante él varias veces como si no lo viera. Al mediodía cargó la bicicleta en el coche y se alejó por donde había venido. Satur se miró las manos y entendió que en aquel estado debía olvidarse de su madre y de Azucena. Esperaría a la noche, para encaramarse al contenedor del reactor y así, poder agrietar el hormigón con sus nuevas raíces.