15 may. 2013

75 | Al sur del edén



Como cada noche, los pobres apuraron la sopa de arroz y luego salieron flotando por la ventana del comedor social, de regreso al cementerio. La princesa metió los platos, prácticamente limpios, en el lavavajillas, activó el programa económico y volvió a casa serpenteando entre los cipreses. Había aceptado aquel empleo por necesidad y ahora no podría vivir sin sus muertos. Los fantasmas pobres desaparecían ya bajo sus lápidas cuando se detuvo ante el fastuoso panteón familiar. La única propiedad que conservaba. Dentro, podía oír a los infantes hambrientos, discutían de nuevo ante un consorte indiferente y lacio. Por un instante, hubiera preferido que estuvieran tan muertos como los otros. Por un instante, soñó con empezar otra vida dejando atrás el peso del legado perdido, por un instante. Se limpió los zapatos y entró en el hogar con la fiambrera de arroz y su mejor sonrisa. 

Tras bastante tiempo sin publicar en el blog por diversos compromisos que me han mantenido alejado. Con este microrrelato me presento a la convocatoria mensual de ENTC. Espero que os guste.

2 comentarios:

  1. Qué bueno volver a leerte Fernando.
    Hay vivos muy muertos y muertos muy vivos, je je.
    Un abrazo.

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  2. Suerte Fernando. A mí si me ha gustado.

    Besos desde el aire

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