Con este micro quiero sumarme a la
Primavera de Microrrelatos Indignados, Que hoy de nuevo inunda la RED. No se si hay una normativa en lo que respecta a la extensión, por tanto, no se si la cumplo... Tampoco se si llego a tiempo o voy tarde, pero basta de excusas, esto es lo que me ha salido.
Encontramos a Patricia sentada
ante su tocador con el joyero abierto.
—El que no trabaja es porque no
quiere —comenta— ¿Qué pendientes me pongo con el vestido azul, los de plata o
los de turquesas?
—Cualquiera de los dos están bien
—contesta Arturo desde el vestidor— Trabajo hay, otra cosa es que los vagos
quieran hacerlo, que nos hemos vuelto muy señoritos. Eso por no hablar de la
economía sumergida, que aquí, el que más y el que menos, estafa lo que puede.
Vas a tener que ayudarme otra vez con el nudo de la corbata.
— Cariño, eres un desastre, nunca
vas a aprender…—dice Patricia colgándose el collar de turquesas a juego con los
pendientes—. Y tanto protestar por la enseñanza y la sanidad pública, todo muy
hippie, pero a la hora de pagar impuestos, si te he visto no me acuerdo.
—¿Me pongo los gemelos de oro
blanco o será demasiado? —Arturo mira como le queda el traje, se siente
orgulloso de las horas de gimnasio con el entrenador personal— Lo de la sanidad
pública, vaya despilfarro. En Norteamérica no la tienen y mira lo bien que les
va. ¿Estas lista cariño? No quiero llegar tarde a la fiesta benéfica del
partido, Ya sabes lo nerviosos que están los políticos últimamente.
Mientras Patricia y Arturo cruzan
la avenida a doscientos por hora en su Mercedes. Carlos Pérez entra en casa con
la carta de despido. Herminia Solís lee la de la Seguridad Social que retrasa por
quinta vez su intervención, y Mauro Gómez se balancea, colgado por el cuello
sobre la de desahucio inminente.