Hoy he rescatado uno de esos pequeños textos del baúl. No estoy seguro de si podemos hablar de microrrelato al leer este texto, y de hecho, la verdad es que cuando lo escribí ni siquiera pensé que pudiera ser una historia. Fue un volcado en papel de un momento concreto, de un estado de ánimo si preferís. Esto es lo que salió y aquí lo escribo para saber vuestra opinión, aunque tras los comentarios de Ximens he decidido retocarlo.
La lustración también es antigua. Pero se trata de un dibujo al que le tengo bastante cariño y que surgió, igual que el relato, de un boceto desinteresado en una esquina de papel, mientras tomaba notas en uno de esos cursos que he hecho.
Las
heridas se contaban por docenas en su maltrecho cuerpo. Había sobrevivido donde
nadie pensaba que pudiera hacerlo. En el campo de batalla fue la única que se
mantuvo en pie hasta el final, pero la victoria que de tan pequeña resulta triste, le llegó acompañada de demasiadas sensaciones desagradables.
Con la rodela apagada, la espada mellada en el cinto y el alma gastada y perdida volvió a su tierra de hielo. Sóla, se entregó a la meditación entre aquellas montañas azules esperando una señal.
El carroñero la había seguido hasta el lago clamando venganza, pero no se atrevió a sumergirse tras ella.
Estaba
a salvo.







