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13 jun 2012

41 | Cambio de sentido



Presentado al certamen “Camino de la lengua Castellana” 311211, sin suerte.

La cuestión es que me quedo ciego. He pedido mi último bourbon. El camarero me sirve whisky barato y excusas sobre rastros de bayeta sucia. No protesto. Saco la cuartilla pautada y la pluma. Voy a esclarecer el motivo de mi inminente suicidio:


Salamanca, 17 de Noviembre de 2011. Resulta insólito que alguien que ha vivido rodeado de palabras no encuentre las adecuadas en este momento. Los alumnos me han sorprendido hoy con el libro del revés mientras recitaba de memoria la Retórica de Nebrija. Se han acabado los meses de disimulo. Humillado, he recorrido por última vez la calle Libreros, soñando aquellas primeras imprentas y librerías. Rosita, tu sabes que los libros han sido mi razón de ser desde siempre. He tenido el privilegio de vivir enseñando lo que el lenguaje ofrece al ser humano. Pronto no veré las letras ni con anteojos. Si no puedo seguir leyendo, no quiero seguir viviendo. Lo siento Rosita, sé que no ha sido fácil convivir conmigo estos últimos años. Néstor, cuida de tu madre, de Marisa y de los niños. 
Firmado: C.S.

Ensobro la cuartilla, apuro el whisky y salgo al trajín de la calle. Las llaves de la biblioteca tintinean junto al frasquito de arsénico en mi bolsillo. Sin embargo, al llegar a la universidad mi conciencia es atrapada por un sonido sublime. Una muchacha rasga un violín, salpicando esquirlas de vida que se clavan en mis oídos. Interpreta variantes personales de El trino del diablo. Disfruto a ojos cerrados de la música, cómo el niño que ve la mar por primera vez, hasta que la joven finaliza su actuación.

Regreso a casa con la noche a cuestas y unas monedas menos. Rosita me pregunta qué tal ha ido la jornada. Contesto que tenemos que comprar un tocadiscos, que llevamos demasiado tiempo viviendo en silencio.