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8 jun 2012

40 | Cuando no estás


Esta semana he vuelto a participar en el ReC, aunque sabía que ser finalista me impedía optar a cualquier premio o mención. Sin embargo debía hacerlo porque la frase de partida era de un buen amigo Xavier Blanco, y por tanto sentía la necesidad de hacer un micro sí o sí.

La cuestión es que el resultado es un tanto duro, pero es lo que salió tirando del hilo de ese pollo rebozado y humeante. Emulando a Sabina: Si queréis historias de corazoncitos y mantequilla, buscarlas en otro blog, o en este, pero otro día.


Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado cuando lo fríe el tío Rufo. Sé que desde que se fue papá tienes que trabajar y que no has encontrado otra cosa, pero no me gusta el tío Rufo. No me gusta su DIOS, ni Jesusito, ni las cuatro esquinitas que tiene su cama. De toda la semana, sólo me gusta el domingo, aunque tampoco estés. El tío Rufo me lleva a la iglesia. Ya soy monaguillo, ¿y sabes mamá? El padre don Rosendo introduce a dios en mi cuerpo mucho mejor que el tío Rufo, se nota que es un profesional.


13 mar 2012

Moebius, la estrella polar se apaga



Ese revolucionario maravilloso que elevó el cómic a categoría de arte, influencia de todo lo que se ha dibujado después de él.

Hoy escribo por necesidad. Había pensado en escribir un texto articulado refiriéndome al genio, a su obra y arte, documentándome para dejar patente su influencia. He empezado a visualizar página tras página, en papel y digital, y es en este punto donde he decidido que ese no era el camino.

Lo que yo necesito no es hacer una biografía del genio –ya hay muchas- sino explicar que es lo que siento. La noticia de su muerte entró y salió de mi mente sin hacer ruido –tan acostumbrados estamos a noticias terribles que ya no nos afectan- pero después, en mi soledad interior si he sentido esta pérdida. Decir que Jean Giraud ha muerto, que Moebius ya no seguirá dibujando es lo mismo que decir que la imaginación se ha quedado huérfana.

Yo debía tener catorce años cuando descubrí que había un cómic más allá de los Spiderman, Thor,  el Guerrero del Antifaz o el Capitán Trueno. Lo descubrí por casualidad, en las páginas de una revista de cómics de la biblioteca  (no recuerdo si se trataba de un ejemplar de Zona84, Cimoc u otra, lo que recuerdo es que los dibujos de aquel artista visionario me cautivaron hasta tal punto que consiguieron que hiciera mi primer viaje a una tienda especializada de Barcelona -lo siento, tampoco recuerdo el nombre de la tienda, pero no era ninguna de las grandes, ni Continuará ni Norma Cómics-. Allí me compré los dos primeros libros de El Incal, dibujados por Jean –Moebius- Giraud con guión de Jodorowsky.

Lo que descubrí en aquellas páginas cambió mi vida -literalmente-. Desde pequeño me había gustado dibujar. Vivir en el Eixample barcelonés donde los parques no abundaban y los coches circulaban a velocidades peligrosas para niños despistados cómo yo, hizo que esta afición por dibujar –mucho más segura- se fuera haciendo cada vez más importante en mi vida, pero descubrir lo que se podía contar a través del cómic me hizo decidir que quería dedicarme a ese extraño oficio de dibujar… esa bendita inocencia que tienen los niños les permite imaginar que pueden conseguir cualquier cosa que se propongan y yo no he llegado a crecer nunca del todo.

Mis dibujos cambiaron radicalmente, empezaron a llenarse de seres extraños construidos a base de infinidad de rayitas, cristales, sombreros étnicos inventados y seductoras señoritas.

Tras El Incal, vino la búsqueda de todo lo que había echo este genio con anterioridad, Arzach, El garaje hermético… No dejaba de sorprenderme. Tras Moebius rebusqué en el resto de los humanoides asociados, Druillet, Dionnet y el resto de los artistas de Metal Hurlant…

Al final no he conseguido dedicarme al cómic –aunque hice mis pinitos- pero si he tenido la suerte de poder ganarme la vida dibujando. Ilustro libros y carteles, diseño logotipos y folletos, maqueto libros… Desde ese primer contacto en aquella biblioteca muchos han sido los autores excepcionales que han influido en mi manera de ver y expresar el mundo, pero ninguno de ellos ha conseguido remover mis cimientos como lo hizo Moebius.

El pasado diez de marzo de 2012 nos dejaba el genio. La noticia sobrevolaba los medios de comunicación, y a mi me pareció verlo pasar a lomos de su pájaro de hormigón. Ahora toca seguir  adelante, con la tristeza de saber que mis dibujos se han quedado -cómo ya he dicho- huérfanos.

Su obra perdurará siempre.

Por primera vez, cuelgo una imagen que no he dibujado yo. La ocasión lo merece, y me gustaría pedir a todos mis amigos de la blogosfera que escriban un microrelato basándose en la imagen de la entrada o en cualquier otra del autor y la cuelguen en su blog como tributo al genio, y si os apetece podéis dejar aquí enlace a vuestras entradas. Me gustaría pensar que es cómo un millar de globos que le enviamos para que los recoja.