
El orangután
de la litera superior apesta a sudor. Me sonríe luciendo su camello tatuado en
el brazo mientras enciende un cigarro.
La mañana de
los hechos el plomo de mi pasante entró en mi despacho cartapacio en mano. Iba
seguido de Miguelín. El niño quería demandar a su padre. Al parecer, había
incumplido la amenaza de denunciar a la maestra por castigarle sin recreo.
Pedía daños y “prejuicios” porque le prohibió bajar al socavón del patio que
apareció durante las obras del Ave. Miguelín había perdido en aquél agujero su
balón de reglamento firmado. Me ofrecí a mediar entre él y su padre, sin cargo.
Di el caso por concluido. Al mes recibí una citación del juzgado. Un colega
había aceptado a Miguelín cómo cliente, encontrando causa suficiente para
demandarme por incumplimiento contractual. Ante lo absurdo del litigio perdí
los nervios…
Suena un
timbre. La celda queda a oscuras.
Este relato ha sido seleccionado en el concurso de relatos sobre abogados del mes de enero. Siento el retraso, pero me encuentro inmerso en varios proyectos que apenas me dejan tiempo para respirar. Un saludo a todos, y gracias por mantenerme en el recuerdo...
Otros micros de la serie sobre abogados:
1.- Éntomos
2.- Punto de inflexión
Otros micros de la serie sobre abogados:
1.- Éntomos
2.- Punto de inflexión