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28 jul 2012

46 | Conciencia hostil



¡Y ahora, ha perdido una chancla! El día de la lectura de la herencia de Tía Rosita. Medio descalzo, entra en el despacho con porte de campeón ajedrecista al que le han soplado la reina. Llega último. El albacea mira con desdén el pie sucio. Luego procede. Para el listillo de Ramón: la antigua granja; al estirado de Javier: el piso del ensanche; a la zorra de Ana y sus tetas comprimidas en un vestido insuficiente: el apartamento y las joyas; También está “la reina”, María. El divorcio aún no es oficial, así que igual rasca algo. Él, recibe la colección de botijos y sonríe. María se le acerca: feliz cumpleaños petardo, te lo dije, no eres nadie ni para tu familia. La veo alejarse con las manos vacías desde los ojos del memo, sin poder impedirlo. Quisiera irme con ella, dejarle yo también pero sigo encerrado…
De regreso, encontramos la chancla, aunque para entonces las ampollas ya han dejado de sangrar.

Cómo dice Ximens, este microrelato fue presentado (con éxito o sin éxito depende de lo que os guste o no) al concurso de relatos sobre abogados de junio. Eso si, no fue seleccionado entre los mencionados.  

16 ene 2012

22 | ÉNTOMOS

Aquí os dejo una microhistoria bastante inverosímil enviada al concurso de abogados. La verdad es que la conjunción de palabras se las traía, pero pese a todo, el micro que salió me gusta. Ya me diréis que os parece. Este micro ha sido seleccionado en el concurso de diciembre, para mi sorpresa.


­Descolgué el teléfono con incertidumbre, a sabiendas que era una conferencia internacional. Cuando Lisandra vino al bufete a explicarme su caso, quise llamar a seguridad. Se presento cómo fundadora de la Asociación Mundial Defensora de los Insectos y quería demandar a la industria fabricante de insecticidas. La creí enajenada. 
Ahora sé que su doctrina es inapelable. Escuché la voz del auricular con esperanza, sentado en el suelo de la cabina telefónica. El fallo había sido positivo, habíamos ganado. Había merecido la pena el tiempo invertido. El desahucio del bufete y mi divorcio carecían de importancia en esos momentos. Al salir, observé el pato podrido de gusanos y moscas al fondo del callejón. Sonreí. Saqué la botella de vino de lágrima que guardaba en el abrigo y le dije a Lisandra que entrara conmigo. Ella me besó apasionadamente.
Al menos hasta otoño, nuestro nuevo hogar de cartón seguirá siendo acogedor. 



Otros micros de la serie sobre abogados: