El avión atravesó la capa de nubes
y un sol radiante inundó la cabina en el mismo momento en que el pasajero 11F
releía el restrictivo documento. La nueva normativa municipal resbaló de sus
dedos lacios. Se quitó la chaqueta y descubrió un ajustado suéter de rayas
blancas y negras a juego con su rostro de mimo callejero. Se incorporó
calándose un bombín, repartió sonrisas mudas por última vez y accionó la puerta
de emergencia. El avión se detuvo, en seco, sin inercia. El mimo recorrió el
ala hasta llegar al filo. Luego voló al vacío. Cerrada la puerta, el avión
prosiguió con una carta abandonada y un asiento que nadie podría ocupar, rumbo
a la próxima ciudad con calles de tránsito plomizo y monótono.
Este microrrelato ha sido publicado en la página 4 del número de noviembre del diario local L'independent de Barberà.
Este microrrelato ha sido publicado en la página 4 del número de noviembre del diario local L'independent de Barberà.







