12 may. 2015

96 | Te llevaré conmigo.




Ya no podíamos contar con él, por mucho que Clarita lloriqueara frente a la ventana, el dragón había escapado. Papá tampoco terminaba de acostumbrarse. Cada noche se sentaba en el sofá estirando los pies en el aire, como si el enorme conejo blanco pudiera salir de la chistera para acariciárselos, pero había desaparecido, igual que el duendecillo que soportaba las letanías de la abuela. A menudo se miraban desorientados, incapaces de encontrar respuestas. Yo fingía su misma confusión, pero cuando dejaban de prestarme atención volvía a mi cuarto, me escondía bajo la cama y tachaba otra mentira de la carta de mamá.

Microrrelato dedicado a Miguelángel Flores, ganador de la semana pasada en el REC.