20 may. 2013

deantología


Ya estamos de vuelta de Madrid. Mis relatos han aparecido en papel en algún libro de microrrelatos relacionados con algún concurso y puntualmente desde hace algo más de un año en el diario local de Barberà. Pero que una editorial como Talentura, y dos antólogos como Manu Espada y Rosana Alonso pensaran en mí para aparecer en este libro que veis en la imagen junto a tanto MicroGranEscritor... es algo... ¡Dios! ¡Me he quedado sin palabras! Y ahora... ¿Qué diablos hago?  Imagina que alguien lee mis relatos y quiere que le escriba unos cuantos para un libro... Y yo sin palabras. ¿Qué podría ser peor que un aprendiz de escritor sin palabras? ¿Un domador sin leones? ¿Un religioso sin fe? ¿Una Pantoja sin escenario? ¿Una infanta sin vergüenza?

Bueno, como me he quedado sin palabras voy a leer lo que han escrito mis compañeros. Prometo hacer recomendaciones. Permitidme decir cómo me gustaría ver pasar por aquí a los antologados que lo deseen para decirme que opinan de los dos microrrelatos míos editados en este libro. ¡Pero que bonito ha quedado el condenado! No esperes mucho a hacerte con él, porque es una edición limitada (todas los son, pero primera edición solo hay una: la primera). Este libro dará que hablar porque es el reflejo de algo que está pasando ahora, en este momento y si te atreves a perdértelo, jamás podrás decir... yo estuve allí.

Ya sabes, entra en SITIOPARACOMPRARELLIBRO, cómpralo, leelo y cómo no, vuelve aquí y dime que te ha parecido.

He dejado para el final mi dedicatoria, porque necesito ponerme serio.

Dedico el microrrelato trámite a mi padre, aunque el nunca lo sabrá. 

Es el primer microrrelato que surge de una vivencia propia que todos vivimos más pronto o más tarde. El primero que no pretende solo contar una historia. De todos los que he escrito hasta ahora, trámite es, posiblemente, el único que no ha fluido.  Este microrrelato he tenido que parirlo y tenía que ver la luz en papel. No por la calidad literaria, no porque la historia que cuenta sea original, no por mí. 

Por él.

Un saludo desde la logia.  


16 may. 2013

76 | Apología

Con este micro quiero sumarme a la Primavera de Microrrelatos Indignados, Que hoy de nuevo inunda la RED. No se si hay una normativa en lo que respecta a la extensión, por tanto, no se si la cumplo... Tampoco se si llego a tiempo o voy tarde, pero basta de excusas, esto es lo que me ha salido.


Encontramos a Patricia sentada ante su tocador con el joyero abierto.

—El que no trabaja es porque no quiere —comenta— ¿Qué pendientes me pongo con el vestido azul, los de plata o los de turquesas?

—Cualquiera de los dos están bien —contesta Arturo desde el vestidor— Trabajo hay, otra cosa es que los vagos quieran hacerlo, que nos hemos vuelto muy señoritos. Eso por no hablar de la economía sumergida, que aquí, el que más y el que menos, estafa lo que puede. Vas a tener que ayudarme otra vez con el nudo de la corbata.

— Cariño, eres un desastre, nunca vas a aprender…—dice Patricia colgándose el collar de turquesas a juego con los pendientes—. Y tanto protestar por la enseñanza y la sanidad pública, todo muy hippie, pero a la hora de pagar impuestos, si te he visto no me acuerdo.

—¿Me pongo los gemelos de oro blanco o será demasiado? —Arturo mira como le queda el traje, se siente orgulloso de las horas de gimnasio con el entrenador personal— Lo de la sanidad pública, vaya despilfarro. En Norteamérica no la tienen y mira lo bien que les va. ¿Estas lista cariño? No quiero llegar tarde a la fiesta benéfica del partido, Ya sabes lo nerviosos que están los políticos últimamente.

Mientras Patricia y Arturo cruzan la avenida a doscientos por hora en su Mercedes. Carlos Pérez entra en casa con la carta de despido. Herminia Solís lee la de la Seguridad Social que retrasa por quinta vez su intervención, y Mauro Gómez se balancea, colgado por el cuello sobre la de desahucio inminente.  

15 may. 2013

75 | Al sur del edén



Como cada noche, los pobres apuraron la sopa de arroz y luego salieron flotando por la ventana del comedor social, de regreso al cementerio. La princesa metió los platos, prácticamente limpios, en el lavavajillas, activó el programa económico y volvió a casa serpenteando entre los cipreses. Había aceptado aquel empleo por necesidad y ahora no podría vivir sin sus muertos. Los fantasmas pobres desaparecían ya bajo sus lápidas cuando se detuvo ante el fastuoso panteón familiar. La única propiedad que conservaba. Dentro, podía oír a los infantes hambrientos, discutían de nuevo ante un consorte indiferente y lacio. Por un instante, hubiera preferido que estuvieran tan muertos como los otros. Por un instante, soñó con empezar otra vida dejando atrás el peso del legado perdido, por un instante. Se limpió los zapatos y entró en el hogar con la fiambrera de arroz y su mejor sonrisa. 

Tras bastante tiempo sin publicar en el blog por diversos compromisos que me han mantenido alejado. Con este microrrelato me presento a la convocatoria mensual de ENTC. Espero que os guste.