28 mar. 2012

30 | El buen hijo



Hay un camino detrás de casa que se interna en el bosque, cruza entre las lápidas y se pierde en la maleza… como hizo mamá, que se fue cuando cumplí tres años porque ya no me quería. Yo siempre quise ir a buscarla, pero papá me lo prohibió.

Una noche desobedecí. Caminé durante horas, entre siluetas negras de robles y tejos difuminadas por la bruma, hasta que unos jadeos extraños me llevaron a una casita de tela en el centro de un claro. Dentro había gente. Uno salió a gatas y al incorporarse y verme gritó aterrorizado. Corrí de vuelta más asustado que un tejón entre leones, me metí en la cama y me tape con las mantas hasta casi ahogarme.


A la mañana siguiente papa sirvió el desayuno: huevos, leche, mantequilla, pan recién hecho y carne, de nuevo teníamos carne. Él no dijo nada en toda la mañana, pero me miraba y sonreía satisfecho, cómo si supiera de mi primera correría bajo la luna llena, mientras guardaba en el baúl la casita de tela desmadejada.

Este micro lo presenté al concurso de relatos "esta noche te cuento", pero no ha sido seleccionado por el jurado. Desde aquí quiero felicitar a los organizadores del concurso, a los finalistas y a los ganadores, y a los organizadores darles las gracias, sin ellos este relato no hubiera sido posible. 


13 mar. 2012

Moebius, la estrella polar se apaga



Ese revolucionario maravilloso que elevó el cómic a categoría de arte, influencia de todo lo que se ha dibujado después de él.

Hoy escribo por necesidad. Había pensado en escribir un texto articulado refiriéndome al genio, a su obra y arte, documentándome para dejar patente su influencia. He empezado a visualizar página tras página, en papel y digital, y es en este punto donde he decidido que ese no era el camino.

Lo que yo necesito no es hacer una biografía del genio –ya hay muchas- sino explicar que es lo que siento. La noticia de su muerte entró y salió de mi mente sin hacer ruido –tan acostumbrados estamos a noticias terribles que ya no nos afectan- pero después, en mi soledad interior si he sentido esta pérdida. Decir que Jean Giraud ha muerto, que Moebius ya no seguirá dibujando es lo mismo que decir que la imaginación se ha quedado huérfana.

Yo debía tener catorce años cuando descubrí que había un cómic más allá de los Spiderman, Thor,  el Guerrero del Antifaz o el Capitán Trueno. Lo descubrí por casualidad, en las páginas de una revista de cómics de la biblioteca  (no recuerdo si se trataba de un ejemplar de Zona84, Cimoc u otra, lo que recuerdo es que los dibujos de aquel artista visionario me cautivaron hasta tal punto que consiguieron que hiciera mi primer viaje a una tienda especializada de Barcelona -lo siento, tampoco recuerdo el nombre de la tienda, pero no era ninguna de las grandes, ni Continuará ni Norma Cómics-. Allí me compré los dos primeros libros de El Incal, dibujados por Jean –Moebius- Giraud con guión de Jodorowsky.

Lo que descubrí en aquellas páginas cambió mi vida -literalmente-. Desde pequeño me había gustado dibujar. Vivir en el Eixample barcelonés donde los parques no abundaban y los coches circulaban a velocidades peligrosas para niños despistados cómo yo, hizo que esta afición por dibujar –mucho más segura- se fuera haciendo cada vez más importante en mi vida, pero descubrir lo que se podía contar a través del cómic me hizo decidir que quería dedicarme a ese extraño oficio de dibujar… esa bendita inocencia que tienen los niños les permite imaginar que pueden conseguir cualquier cosa que se propongan y yo no he llegado a crecer nunca del todo.

Mis dibujos cambiaron radicalmente, empezaron a llenarse de seres extraños construidos a base de infinidad de rayitas, cristales, sombreros étnicos inventados y seductoras señoritas.

Tras El Incal, vino la búsqueda de todo lo que había echo este genio con anterioridad, Arzach, El garaje hermético… No dejaba de sorprenderme. Tras Moebius rebusqué en el resto de los humanoides asociados, Druillet, Dionnet y el resto de los artistas de Metal Hurlant…

Al final no he conseguido dedicarme al cómic –aunque hice mis pinitos- pero si he tenido la suerte de poder ganarme la vida dibujando. Ilustro libros y carteles, diseño logotipos y folletos, maqueto libros… Desde ese primer contacto en aquella biblioteca muchos han sido los autores excepcionales que han influido en mi manera de ver y expresar el mundo, pero ninguno de ellos ha conseguido remover mis cimientos como lo hizo Moebius.

El pasado diez de marzo de 2012 nos dejaba el genio. La noticia sobrevolaba los medios de comunicación, y a mi me pareció verlo pasar a lomos de su pájaro de hormigón. Ahora toca seguir  adelante, con la tristeza de saber que mis dibujos se han quedado -cómo ya he dicho- huérfanos.

Su obra perdurará siempre.

Por primera vez, cuelgo una imagen que no he dibujado yo. La ocasión lo merece, y me gustaría pedir a todos mis amigos de la blogosfera que escriban un microrelato basándose en la imagen de la entrada o en cualquier otra del autor y la cuelguen en su blog como tributo al genio, y si os apetece podéis dejar aquí enlace a vuestras entradas. Me gustaría pensar que es cómo un millar de globos que le enviamos para que los recoja.

12 mar. 2012

29 | Lecturas repasadas


Dicen que los fantasmas no existen pero me siguen dando miedo. Sobre todo por la noche, cuando me sepulto bajo las mantas y leo mis cuentos de terror a la luz de la linterna de papá. Es extraño que él no haya vuelto todavía. La guerra acabó, ya no somos rojos. Levantaron de  nuevo el muro que derribó la bomba sobre mi cama y lo pintaron de blanco, luego: papel pintado, gotelé, pintura pastel, estucado veneciano y ahora pintura blanca de nuevo, pero con vinilo decorativo. Yo sé que papá volverá y me traerá cuentos nuevos, estos ya me los se de memoria.

La ilustración pertenece a un libro de texto que ilustré para Editorial Barcanova. El relato ha sido publicado en L'Independent de marzo. Diario de tirada local de Barberà del Vallès. Este micro empecé a escribirlo para un concurso, algunos lo sabréis por la frase de inicio, pero no llegué a tiempo y además me pasaba de los límites. En esta ocasión un concurso me ha servido para escribir aunque al final no me haya presentado. Por otro lado si me ha permitido mantener el compromiso que cogí con el diario. Un saludo a todos desde la intermitencia.


2 mar. 2012

28 | Punto de inflexión



El orangután de la litera superior apesta a sudor. Me sonríe luciendo su camello tatuado en el brazo mientras enciende un cigarro.

La mañana de los hechos el plomo de mi pasante entró en mi despacho cartapacio en mano. Iba seguido de Miguelín. El niño quería demandar a su padre. Al parecer, había incumplido la amenaza de denunciar a la maestra por castigarle sin recreo. Pedía daños y “prejuicios” porque le prohibió bajar al socavón del patio que apareció durante las obras del Ave. Miguelín había perdido en aquél agujero su balón de reglamento firmado. Me ofrecí a mediar entre él y su padre, sin cargo. Di el caso por concluido. Al mes recibí una citación del juzgado. Un colega había aceptado a Miguelín cómo cliente, encontrando causa suficiente para demandarme por incumplimiento contractual. Ante lo absurdo del litigio perdí los nervios…

Suena un timbre. La celda queda a oscuras.

Este relato ha sido seleccionado en el concurso de relatos sobre abogados del mes de enero. Siento el retraso, pero me encuentro inmerso en varios proyectos que apenas me dejan tiempo para respirar. Un saludo a todos, y gracias por mantenerme en el recuerdo...


Otros micros de la serie sobre abogados:
1.- Éntomos
2.- Punto de inflexión