27 ene. 2012

25 | EL JURADO




Microrrelato presentado al MNAD


Tú has tenido la culpa! Exclama al tiempo que aprieta el gatillo del pequeño revolver.

Dicen que toda tu vida pasa por delante cuando estás a punto de morir. Supongo que seguiré viviendo porque solo pienso en el proyecto que ha quedado en el cajón tras ser rechazado por otro cliente ignorante. Mi creación soportará la oscuridad de aquel espacio cerrado hasta que alguien lo rescate, bien para darle luz y gloria, bien para basurearlo o arrojarlo al viento a través de la ventana. La frase del asesino vuelve a mi mente y con ella, las preguntas: ¿culpa de qué? ¿Acaso lo conozco? ¿Tendrá relación con mi presencia en el jurado? ¿En cuál? ¿En el del concurso de microrrelatos en el que me tocó hacer la primera criba mientras trabajaba en el diseño de la marca desechada? ¿O en él tribunal popular que declaró culpable de pederastia al octogenario que coleccionaba fotos de quinceañeras extraídas del facebook?    

Mi cuerpo queda tirado en el suelo como un guante mal doblado y yo observo la escena desde arriba, pensando con felicidad que aquella imagen bien podría ilustrar un cartel digno del museo de artes decorativas.

24 ene. 2012

24 | Torre de arena



El presente micro lo envié al concurso de la microbiblioteca del mes de diciembre. Un saludo.

Remedios Martínez López será la última inquilina de una casa con los días contados. Confinada sin televisión, entre ovillos de lana y agujas de tejer que deberían hacerle la espera más llevadera, sus días pasarán al compás de los Tientos del reloj y otras coplas grabadas en paredes desconchadas y rincones húmedos.

Una tarde de otoño recibirá la visita de un joven hosco con credenciales. Embutido en un mono azul, comprobará la eficacia de la caldera y tras hacerle firmar el comprobante se irá como vino, con el gesto torcido.  Al menos no le cobrará nada por el servicio y los consejos, ni un vaso de agua.

Esa misma noche, morirá por combustión irregular, y no dejará de preguntarse cómo volver a casa contemplando el impresionante edificio que se levanta donde estuvo su hogar.

18 ene. 2012

23 | LOS OJOS CERRADOS


Quejica, en su última entrada, nos pide que escribamos sobre un sueño, sobre una pesadilla, o sobre algo relacionado con ese mundo onírico. Yo soñé con algo parecido a lo que narraré a continuación hace tiempo. Tomé unas notas en medio de la noche esforzándome por no olvidar los detalles y ahí se quedaron, en la libreta, olvidadas, invisibles, cómo si se escondieran de mí hasta ver el momento propicio de volver a aparecer. Y hete aquí que hoy han salido. 

La ilustración (hacía tiempo que no las comentaba) la realicé para un cartel, también hace tiempo. Quién sabe si es de la misma época que el sueño. La cuestión es que no dispongo de tiempo para hacer una nueva, y aunque no la veo guante del relato si podría ilustrar uno de los instantes de la  narración así que aquí os la dejo a ella también.

Un saludo, y gracias a Quejica por la iniciativa. No sólo de concursos vive el micro.

Soñó que se encerraría en casa para siempre.

No, no volvería a cruzar la puerta blanca, no caminaría por los lugares comunes, no emborronaría la libreta de bocetos, no sacaría punta a los lápices de colores, no lavaría los pinceles con jabón, no acabaría el cuento iniciado, no afinaría el laúd, no volvería a escribir ni una sola nota, no indagaría nuevos sabores en la cocina, no volvería a escuchar el chisporroteo de las llamas en el hogar, y por supuesto, nunca más abriría la caja de cartón donde atesoraba sus recuerdos.


Se sentó en un rincón, a oscuras, desnudo sobre la alfombra turca, acompañado únicamente por la soledad y el silencio, jugando una partida de póker con Morfeo…


El sol y la luna vinieron a visitarle una y otra vez, bailaban juntos, sucediéndose para hacerle compañía, para que reaccionara. El viento traía hasta su ventana las hojas rojas y doradas de los árboles vecinos. La lluvia repicó en el cristal como el percusionista loco que olvida el ritmo en pleno concierto, la nieve se amontonó en el alfeizar sin esperanza. Perdió la partida y sucumbió.

El trino de los pájaros madrugadores le despertó. Subió resuelto a la azotea. Los lánguidos rayos del alba intentaron frenarlo con su roce, pero su voluntad se impuso. 
Saltó al vacío dispuesto a dejar el mundo atrás. No podía imaginar que aquel viaje sería mucho más largo de lo que había previsto. Sintió como la piel de su espalda se desgarraba. Sus sentidos no le engañaban, dos enormes alas de plumaje pardo formaban ahora parte de él, tan suyas como sus brazos y piernas, tan própias como su corazón. Las batió y remontó el vuelo. Y se elevó, se elevó hasta que su prisión fue solo un pequeño punto en el suelo lejano y desde allí comprobó que el mundo era mucho más grande de lo que había imaginado nunca…

16 ene. 2012

22 | ÉNTOMOS

Aquí os dejo una microhistoria bastante inverosímil enviada al concurso de abogados. La verdad es que la conjunción de palabras se las traía, pero pese a todo, el micro que salió me gusta. Ya me diréis que os parece. Este micro ha sido seleccionado en el concurso de diciembre, para mi sorpresa.


­Descolgué el teléfono con incertidumbre, a sabiendas que era una conferencia internacional. Cuando Lisandra vino al bufete a explicarme su caso, quise llamar a seguridad. Se presento cómo fundadora de la Asociación Mundial Defensora de los Insectos y quería demandar a la industria fabricante de insecticidas. La creí enajenada. 
Ahora sé que su doctrina es inapelable. Escuché la voz del auricular con esperanza, sentado en el suelo de la cabina telefónica. El fallo había sido positivo, habíamos ganado. Había merecido la pena el tiempo invertido. El desahucio del bufete y mi divorcio carecían de importancia en esos momentos. Al salir, observé el pato podrido de gusanos y moscas al fondo del callejón. Sonreí. Saqué la botella de vino de lágrima que guardaba en el abrigo y le dije a Lisandra que entrara conmigo. Ella me besó apasionadamente.
Al menos hasta otoño, nuestro nuevo hogar de cartón seguirá siendo acogedor. 



Otros micros de la serie sobre abogados:

11 ene. 2012

21 | REFLEJOS ROTOS

Este relato fue presentado a Wonderland.



Él me observa con la envidia de los que andan perdidos. Ella me mira coqueta sabiéndose deseada. Él se sabe peregrino en mundo hostil. Ella se sabe en el centro de su universo infinito. Él tiene los ojos brillantes por el rencor. Ella los tiene entornados, pícaros ante el cortejo. Él tuerce la boca en mueca agria. Ella sonríe con dulzura. Él alza la mano. Ella también. Él para golpear. Ella para salvarse. Yo caigo al suelo, roto en añicos de mala suerte, veo docenas de él alejándose en un cuerpo indeseado entre vértices agrietados.  Ella ha desaparecido, nunca existirá.

4 ene. 2012

20 | Zanahorias!


Chistera y bufanda deshilachada, escoba vieja,  ojos de botón y la nariz, de zanahoria. La nevada propicia que los niños modelen un muñeco de nieve junto al viejo y triste sauce. Muñeco y Sauce traban amistad, comparten experiencias hasta que llega el sol de abril. El muñeco se reduce a charco con sombrero, bufanda y botones flotando. Del corazón arbóreo brotará en primavera una zanahoria naranja y helada. 

1 ene. 2012

19 | IR MÁS ALLÁ


Estamos obligados a superarnos con cada nuevo reto si no queremos que descienda el nivel de ingresos. El blog se ha colocado líder en solo dos meses. Lola se pasa todo el día ante el ordenador, contestando comentarios sobre los vídeos que colgamos. El traductor de Google echa humo.
Esta vez el desafío es cosa mía y el escenario insuperable. Cuando oigo el inicio del discurso sé que es el momento, no puedo fallar. Me ha tocado esquiar sobre el tejado de la iglesia y caer sobre el castillo inflable que el ayuntamiento ha montado para el meeting del alcalde. Las rodillas me tiemblan antes de darme impulso, pero no es momento para cobardes. Me empujo. Al principio los esquís se encallan pero enseguida van ganando velocidad. Estoy volando y el castillo se ve pequeño desde aquí arriba. Aterrizo con un estallido de huesos. Sé, a ciencia cierta, que me he roto otra vez la cadera, y noto una presión preocupante en el pecho. Rabiando de dolor busco entre la fila de niños estupefactos hasta que veo a Faustino con la cámara nueva, y rezo para que haya recordado las instrucciones que le ha dado su nieto esta mañana.

Este microrrelato estuvo en las valoraciones finales en la categoría de microrrrelato local en el com¡ncurso de la Microbiblioteca de Barberà del Vallès de noviembre.